Robin Hood

Robin Hood (2010) [Robin Hood]

Esta versión de Ridley Scott en la que Russell Crowe interpreta al legendario arquero me ha parecido, de principio a fin (o al menos hasta el penúltimo minuto), una película con un clarísimo mensaje libertario. Lo primero que hay que resaltar y agradecer es que se despoja al personaje del lastre que le venía acompañando de bastante tiempo para acá, que era el de atribuirle la virtud(?) de robarle a los ricos para dárselo a los pobres. En esta película, como en cuento original, quien roba es el rey mediante abusivos impuestos (¿acaso los hay no abusivos, por definición?) y Robin Hood lo único que hace es recuperar para sus legítimos dueños el dinero despojado.

El Rey necesita pagar sus cada vez mayores gastos por lo que reúne a su consejo para hablar sobre impuestos. “¿Impuestos? Ordeñando una ubre seca sólo consigues que te tiren del banco de una coz” le dice su madre y consejera. Otro consejero real entonces le propone pedir préstamos (con su barba, el consejero se me quiso parecer a Krugman o a Bernanke). Al final deciden cabalgar al norte armados para que “mercaderes y terratenientes os arreglen la vida [la del Rey] o pierdan la suya. Nadie leal a la Corona tiene nada que temer y lealtad significa pagar tu parte en la defensa del Reino”. “Muy bien dicho” dice el Rey, como no podía ser de otra forma. Al final de esta escena, por cierto, el Rey se queja de la ruina que ha recibido en herencia. Por un momento pensé que diría que estaba cumpliendo con su deber y no con su programa electoral.

En otra escena el sheriff de Nottingham amenaza a la hija de alguien que aún no ha pagado sus impuestos. Le espeta que “si es demasiado orgulloso como para pagarle, echará la puerta abajo”. Ella responde que “no es demasiado orgulloso, sino demasiado pobre. En el nombre del Rey Ricardo nos arruinásteis para pagar sus cruzadas en el extranjero. Mientras, la Iglesia, en nombre de Dios misericordioso, se ha cobrado sin piedad la mayor parte de lo que teníamos reservado para alimentarnos. Entre el Sheriff y el Obispo no sabría juzgar quién es la peor maldición para el honrado pueblo inglés.”

Al llegar y ver tanta hambre Robin se pregunta por qué no cazan ciervos. La razón por la que no los cazan es porque son propiedad exclusiva del Rey para sus cacerías y que aunque pasten libres, quien los cace se enfrenta a la pena de muerte. Ante esto el protagonista afirma que “son regalos de Dios mucho antes que posesiones del Rey. Si es ilegal que un hombre se valga por sí mismo, ¿cómo considerarse un hombre de derecho?”

“En nombre de Juan, Rey de Inglaterra por la Gracia de Dios, se hace saber a todos sus súbditos que se ha ordenado un nuevo impuesto. Las personas que se nieguen a acatar la ley, se verán sometidas a un severo castigo”. Estas palabras resuenan mientras se ve a los hombres del Rey arrasando poblados, recaudando impuestos y matando a quienes se niegan a pagarlos o simplemente no pueden hacerlo. Es la gota que colma el vaso y que hace que se rebelen los señores del Norte, encabezados por Robin Hood. El Rey se presenta con su ejército ante ellos para decir que “un Rey no negocia la lealtad que todo súbdito le debe”. Es entonces cunado Robin da esta loable contestación en forma de discurso que a continuación reproduzco:

“Si pretendéis construir el futuro, debéis asentar fuertemente los cimientos. Las leyes de estas tierras someten al pueblo a su Rey. Un Rey que exige lealtad pero que no ofrece nada a cambio. Yo he recorrido de Francia a Palestina y vuelta y yo sé que la tiranía sólo alberga el fracaso. Un país se construye como una catedral, desde la base hacia arriba. Dad poder a todo hombre y vos ganaréis fuerza. Si su Majestad quisiera ofrecer justicia, justicia en forma de una carta de libertades que permita a cada hombre proveer a los suyos, estar a salvo de ser condenado sin una causa o encarcelado sin cargos; trabajar, comer y vivir del sudor de su propia frente y ser tan feliz como pueda; ese rey, sería grande. Y no sólo recibiría la lealtad de su pueblo, sino también su amor”. El rey contesta irónicamente: “y qué queréis? Un castillo para cada hombre?”. Robin Hood responde sereno: “para todo inglés, su hogar es su castillo. Lo que pedimos, majestad, es Libertad. Libertad, por ley.”

Hay algunos detalles más a lo largo de todo la cinta pero estas escenas me parecen de una potencia liberal apabullante y las coloca entre mis favoritas en este sentido.

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