American Gangster

American Gángster (2007) [American Gangster]

Otra película del tándem Ridley Scott/Russell Crowe (a sumar a la anteriormente comentada Robin Hood) con muy evidentes mensajes liberales/libertarios. De seguir así vamos a pensar que el bueno de Ridley y el amigo Russell son libertarios sin salir del armario aún (a diferencia de Clint Eastwood).

Se gana a pulso su fama de libertaria ya sólo por el hecho de ser una película en la que el traficante de drogas, sempiterno malo, no sólo no es pintado como tan malo sino que incluso se le muestra como un tipo emprendedor, inteligente y con bastante sentido común. Además, los que siempre son buenos, los policías (paladines del Estado), son representados como corruptos y asesinos de la peor calaña.

Hay muchísimas escenas con diálogos muy aprovechables desde el punto de vista liberal. Aquí hago un extracto de las que más me gustaron:

Frank es el nuevo empresario que ha llegado a la ciudad. Se ve asediado desde el establishment, tanto público como privado. El capo de la zona le pide su 20%. Frank, nuestro protagonista (Denzel Washington) le responde que “el 20% es mi beneficio. Dártelo supondría tener que cerrar el negocio.” En un gesto de “insumisión fiscal” le da tan solo 1 dólar. Más adelante, un agente especial antidroga del FBI también le pide su cuota. Frank se niega en rotundo. ¿Por qué cuando alguien le reclama dinero a otra persona a la fuerza, si lo hace un mafioso es delito por robo con amenazas, cuando lo hace un policía es corrupción, pero si lo hace el Estado se llama “cumplir con tus obligaciones tributarias“?

Frank demuestra ser un empresario temible por ideas como estas: “El hombre para el que trabajaba dirigió una de las empresas más grandes de NY durante más de 15 años. 15 años 8 meses y 9 días. Yo estuve a su lado, trabajaba para él, le protegía, le escoltaba, aprendí mucho de él. Bumpy era rico, pero no como los ricos blancos. No era un hombre acomodado. No poseía su propia empresa. Él creía que sí, pero sólo la dirigía. El “hombre blanco” le controlaba a él. Pero a mí no me controla nadie. Eso es porque yo poseo mi propia empresa y vendo un producto que es mejor que el de la competencia a un precio más bajo que el de la competencia.”

Con semejante visión empresarial no tarda en preocupar a los veteranos del sector. El jefe de la mafia italiana le invita a su casa para explicarle su visión sobre el asunto. El italiano piensa que lo que hace Frank es crear un monopolio. -“¿Qué opinas de los monopolios? Yo [el italiano] creo que los monopolios son ilegales en este país porque nadie quiere competir y menos con un monopolio. Imagínate que dejas que los productores de leche lo hagan, la mitad tendrían que dejar el negocio.” Frank le responde: -“Sólo quiero ganarme la vida.” – “Estás en tu derecho”, continúa el capo italiano, “todo el mundo lo está en América. Pero no podemos hacerlo a un precio poco razonable para los demás. Eso resultaría antiamericano. Por eso el precio del litro de leche nunca puede representar el coste real de producción porque tiene que estar controlado, tiene que fijarse, tiene que ser justo.” -“¿Y quién debe controlarlo? Yo pongo el precio que me parece justo”, responde Frank. -“A mí no me parece justo. Tus clientes están satisfechos -al fin y al cabo son unos yonkis de mierda- pero…y tus colegas los productores de leche? ¿Piensas en ellos?” -“¿Los productores de leche? [Risas]. Mira, pienso en ellos tanto como ellos han pensado nunca en mí”. Una vez más el viejo recurso del mercantilismo, corporativismo e inmovilismo propio de éstos. Ante la competencia, sólo amenazas veladas o no tan veladas, controles de precios, intervencionismo. Frank Lucas, sin haber leído a los escolásticos, sabía más de justiprecio que los acomodados “empresarios” italianos.

Su meteórico ascenso económico y social y, sobre todo, el hecho de sacudir el status quo, hace que empiecen a investigarle desde Hacienda, la policía, el FBI, etc. El único policía honrado, interpretado por Russell Crowe, intenta luchar contra el narcotráfico pero se encuentra ante innumerables trabas a sus investigaciones puestas por Hacienda, como la propia policía o el FBI. Harto, Rusell Crowe le comenta a un compañero que “no quieren que nada cambie. Hay demasiada gente que vive de esto: jueces, abogados, policías, políticos, funcionarios de prisión, agentes de la condicional. Si esa droga dejara de llegar, 100.000 personas se quedarían sin trabajo.” En una escena pone de manifiesto la realidad de la llamada “Guerra contra las drogas”.

Una vez apresado Frank Lucas, el policía le dice todas las pruebas que tiene en su contra y, sobre todo, los testimonios de los mafiosos de la competencia, a la que perjudicó, especialmente a los italianos quienes, según el policía, le “odian no sólo personalmente, sino que odian lo que Frank Lucas representa.” Frank dice no representarse más que a sí mismo pero Rusell Crowe puntualiza muy acertadamente que representa “mucho más que eso. Un hombre de negocios negro como usted representa el progreso, la clase de progreso que puede hacerles perder mucho dinero. Si le quitan de en medio, todo puede volver a la normalidad”. Aquí el policía demuestra conocer los mecanismos del corporativismo: ante la competencia del mercado, pedir la protección del aparato del Estado. En este caso atacando a la competencia y necesidad de mejora que suponía nuestro protagonista.

Para finalizar esta reseña, otro ejemplo de la mentalidad empresarial de Frank Lucas que tanto temían sus competidores, representada en una escena memorable en la que visita a uno de sus distribuidores quien estaba adulterando la droga que le compraba para sacar más beneficio. Frank Lucas le explica: -“Verás, las marcas significan algo. Magia Azul es una marca, igual que Pepsi. Yo respondo por ella, soy la garantía. La gente lo sabe aunque no me conozca, del mismo modo que la gente no conoce al presidente de General Mills. Cuando tú cortas mi caballo a un 1,2,3, 4 ó 5% y sigues llamándola Magia Azul cometes una violación de marca.” Su cliente le dice que si él compra algo es suyo y puede hacer lo que quiera. Frank le espeta que “no es cierto. No es necesario. Es buena tal como es, puedes sacar el dinero que quieras pero no llamándola Magia Azul. Puedes llamarla Magia Roja o ponerle un collar de perro y llamarla Caca de Perro Azul, pero no Magia Azul.” Es normal que con esta elocuencia y brillantez empresarial se ganara tantos enemigos, pero en mí encontró un fan.

 

 

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